Y tú, ¿Qué sabes de tu Rolex?

Y tú, ¿Qué sabes de tu Rolex?

Por: Oscar Gómez Cruz
Para ti que traes puesto un Rolex, o para ti que estás por hacerlo, es posible que haya información que aquí te daremos que no conocías y que te hará amar y disfrutar aún más, la experiencia de éxito, logro y confiabilidad que provoca esa corona con cinco puntas esculpida en la carátula, broche y corona del compañero que usas en tu muñeca.

Rolex fue fundada por un alemán, no por un  suizo, de nombre Hans Wilsdorf que en 1905 inició en Londres, un negocio de distribución de relojes que bautizó con el nombre de Wilsdorf & Davis (esto por su socio Alfred Davis).

Foto: rolex.com

Tiempo después, Wilsdorf  se separó de dicho socio (que debe revolcarse en su última morada al ver lo que sucedió años más tarde) y en 1908 registra el nombre de Rolex, que no significa nada en ningún idioma.

Su fundador pensó detenidamente en un nombre que fuera fácil de pronunciar en cualquier idioma, independientemente del origen de dicha lengua y que fuera “pegajoso”. El éxito de dicha elección es evidente hasta nuestros días.

Pero más allá de un nombre fácil de pronunciar y pegajoso, Wilsdorf se dedicó a crear y perfeccionar un producto que fuera único.

En 1919 se muda a Ginebra. Viajaba con regularidad desde Londres a ese destino para obtener componentes para la fabricación de sus relojes, por lo que la decisión obvia en términos de logística y costos, era mudarse a Suiza.

Aunque debemos poner en perspectiva que en esos tiempos, los relojes ingleses gozaban de mayor o similar prestigio que el de marcas de renombre Helvéticas; además, los clientes estaban en Inglaterra o sus colonias, por lo que si bien en términos de logística, costos y calidad de producción,  Suiza resultaba una buena apuesta, tenía riesgos altos.

En 1920 se funda Rolex S.A. en Suiza, pero es hasta 1926 que la marca encuentra su lugar definitivo en el universo relojero al inventar y patentar la caja Oyster. Esta caja que en español significa Ostra, logró algo revolucionario para su tiempo: ser completamente hermética al agua, la humedad y el polvo.

Sí consideramos que en 1926 no existían la televisión, internet, redes sociales y que el marketing cómo hoy lo conocemos tampoco era una realidad, comunicar a gran escala un logro técnico de esta naturaleza con relevancia real en la vida diaria de las personas, no era tarea fácil.

Pero en 1927, una mujer, Mercedes Gleitze cruzó a nado el canal de la Mancha usando un Rolex Oyster en la muñeca. El reloj funcionó a la perfección sin rastro alguno de agua o humedad.  Esto lo cambió todo.

Foto: vintage-db.com

El logro de una nadadora mujer (no perdamos de vista el contexto histórico) usando un reloj de pulsera que era hermético, significó la locura y le dio la vuelta al mundo en los diarios, pláticas de café, ámbitos científicos, relojeros, tecnológicos y deportivos.

Porque el logro ponía juntos y en contexto diferentes logros trascendentales: el esfuerzo y logro humano para vencer a la naturaleza, la disciplina, el entrenamiento, la determinación, el rompimiento de ideas culturales preestablecidas (una mujer logrando algo increíble) y acompañando todo esto, una proeza técnica y científica a la altura del logró, aportando también algo impensable para la época: hermeticidad, fiabilidad y perfección técnica.

Así nació el principio fundamental de la compañía más importante del planeta en alta relojería: la técnica superlativa al servicio de una función real y útil.

Siguiendo con esta historia contada de forma cronológica, es hasta 1931 que se registra formalmente el hoy famoso, icónico y hasta mágico logotipo de la corona de Rolex.

Wilsdorf pensó en una corona como símbolo de la posición que sus relojes y su marca ocuparían en el mundo relojero.

Ese mismo año, Rolex inventa y patenta otro logro técnico al servicio de la funcionalidad real: el primer sistema automático para un reloj de pulsera, llamado también el sistema Perpetual (rotor perpetuo) aludiendo a que el reloj al estar en la muñeca de su propietario, tendrá energía permanente debido que la masa oscilante o rotor, cargan de energía el mecanismo.

En 1945 sucede un hecho en la empresa que puede no parecer importante, pero que hoy significa la existencia misma de la marca. Se constituye la fundación Hans Wilsdorf que hoy es la propietaria de Rolex SA.

La compañía hoy por hoy no está en manos accionistas ni de un CEO, no cotiza en bolsa y no está obligada a reportar ni su producción ni sus resultados financieros a nadie salvo a las autoridades fiscales evidentemente.

Rolex es probablemente una de las empresas con mayor secrecía en todo, y me refiero a todo. Desde números de producción, finanzas y evidentemente, técnicas de desarrollo de materiales y avances tecnológicos.

Al ser Rolex SA propiedad de una fundación, de acuerdo a la legislación Suiza, que es donde está asentada, no puede tener ganancias ni pagar impuestos. El dinero generado por sus actividades, tiene que regresar a la compañía, a los productos, al personal, emplearse en donaciones benéficas e incluso en inversiones a largo plazo cómo bienes raíces.

El efecto inimaginable de esta apuesta inusual, es que el propósito de la compañía no es el lucro. Rolex tiene varios objetivos fundamentales y ninguno de ellos es “ganar dinero”. Casi todos se enfocan en los resultados al interior de la empresa: excelencia del producto, funcionalidad de la infraestructura; propiciar un ambiente laboral que permita al personal realizar un trabajo de alta calidad para mantener la imagen de Rolex cómo líder de la industria. (Esquire Mexico, The Big Watch Book, No. 2, 2014, página 132).

Son muchísimos los momentos de relevancia para Rolex, y todos ellos nuevamente, siempre asociados a logros reales y trascendentes para la humanidad, como si usar un Rolex fuera un requisito para acompañar a los grandes transformadores del planeta y con ello, forjarse una imagen no de éxito entendido como riqueza material, sino como sinónimo de logró y trascendencia humana y por ende, histórica.

En 1935 el auto Blue Bird que parece más un cohete que un auto, alcanza la velocidad de 483 km/h y su piloto, Sir Malcolm Campbell lleva puesto un Rolex.

Foto: ginacampbellqso.com

En 1953 un Rolex Explorer I acompañó a Sir Edmund Hillary y al Sherpa Tenzing Norgay en su ascensión al Monte Everest, la cima más alta del planeta.

Foto: rolex.com

En 1955 cuando la aeronáutica experimentaba un desarrollo que cambiaría el mundo, acercaría culturas y comenzaría una primera etapa de globalización, la aerolínea Pan Am, la más importante del planeta en ese momento, comisiona a Rolex un reloj que le permitiera a sus pilotos conocer de manera inmediata 3 husos horarios, el de su base o hub, el de su lugar de salida y el del punto de destino. Además el reloj debía ser un cronómetro certificado, dado que la exactitud era  fundamental para determinar rutas y planes de vuelo, en una época donde ni por asomo imaginaba la humanidad contar con sistemas de posicionamiento global satelitales o GPS.

La respuesta fue el Rolex GMT Master, que al día de hoy continúa siendo uno de los relojes preferidos por los viajeros mundiales por su funcionalidad, sencillez y resistencia.

En 1956 a petición de científicos del CERN en Suiza, (sí, posiblemente has leído de este centro de investigación científica en el libro El Código Da Vinci de Dan Brown) se presenta el modelo Milgauss.

Esta obra de ingeniería tenía y tiene, la capacidad de resistir el efecto de los campos magnéticos en la espiral del reloj  hasta por mil Gauss (un Gauss es la unidad de medida para determinar el magnetismo). Un reloj convencional se magnetiza al ser expuesto a unos cien Gauss y deja de funcionar de manera correcta, adelantándose o atrasándose sustancialmente.

En 1960 el Batiscafo Trieste (pequeño vehículo de inmersión diseñado para resistir grandes presiones) alcanza el punto más profundo de la corteza terrestre, la Fosa de las Marianas, con un prototipo del Deep Sea colocado en el exterior de éste.

Foto: rolex.com

En 1963 surge uno de los relojes más buscados por todos los amantes del deporte motor y de los relojes de alto desempeño: el Daytona.

Resulta importante apuntar, que originalmente no se llamaba así, sino simplemente Oyster Perpetual Cosmograph y también cabe señalar, no fue un éxito instantáneo.

Este reloj que hoy es peleado, sobre todo en acero, paso muchos años en las vitrinas de los distribuidores sin encontrar felices clientes.

Fue hasta que un empresario ícono del estilo y del éxito fue fotografiado usándolo por encima de la manga de su camisa, que se volvió un éxito mundial; me refiero al italiano Gianni Agnelli, magnate dueño de Fiat y playboy por excelencia.

Ya con fama y clientes, otro personaje vino a darle aun más “calor” al Daytona, el actor estadounidense Paul Newman usaba uno de estos relojes al practicar su gran pasión de correr autos.

Conseguir hoy un Daytona con la caratula conocida como Paul Newman no es imposible, pero sí hay que estar dispuesto a perderle el cariño a muchos miles y hasta cientos de miles de euros.

Estos son sólo algunos de los relojes más emblemáticos de Rolex, que ganaron fama y una posición en el mundo no por marketing, sino por desempeño, funcionalidad y por aportar algo a causas o eventos que cambiaron a la humanidad.

La corona hoy está más alta que nunca, podríamos nombrar unas 20 páginas de personajes relevantes de nuestra historia que usaron o siguen usando un Rolex. No lo hacen o hicieron por moda, porque el objetivo de Rolex no es responder a modas pasajeras, sino formar parte del desarrollo tecnológico, científico y a la vez cultural de la humanidad.

Si usted ve el Rolex que le heredó su abuelo y lo compara con el último que acaba de estrenar, podría pensar que son casi idénticos. Esa es parte de la magia, parte del santo grial; porque si bien en forma y diseño se ven prácticamente iguales, las diferencias relevantes entre uno y otro están en lo técnico y levemente en tamaño y diseño.

Un Rolex de hoy no se parece por dentro en nada a uno de hace 20 años.

Tampoco los materiales. El acero por ejemplo que hoy utiliza Rolex es el 904 L, que comenzó a utilizarse en 1985 cuando sólo industrias cómo la química o aeroespacial lo hacían.

Es una acero tremendamente duro para lo cual, Rolex tuvo que adaptar toda su maquinaria a fin de trabajarlo; es anticorrosivo, con un brillo excepcional y además, al contener cromo en su aleación, resiste de mejor manera los rayones, pues al entrar en contacto con el oxígeno del ambiente, al momento de recibir un rayón, este acero se “cierra” y deja una menor huella que otros aceros.

El oro Everose que utiliza Rolex para sus relojes es distinto al de cualquier marca y su color rosa permanece a lo largo de los años debido a la utilización de platino en su aleación y al tratamiento secreto que se emplea en la fundición de la firma.

La cerámica llamada por Rolex Cerachrome es otro avance científico y tecnológico que aporta a la funcionalidad, la durabilidad y el desempeño, no es simple estética o moda.

Por años los esmaltes o anodizados  utilizados en los biseles de los modelos Submariner, Sea Dweller y GMT se despintaban  al ser expuestos al sol, el agua salada, y otros elementos.

La utilización del Cerachrome hace que no sólo el color durará por siempre sino que además, no se rayará.

Mucho ha sucedido en la empresa que Hans Wilsdorf dejó al morir en 1960. Hoy su producción está concentrada en 4 fábricas en Suiza. Todo reloj Rolex pasa por ellas.

Los movimientos son creados en Bienne, las carátulas y el trabajo de piedras preciosas es realizado en Chêne-Bourg, las cajas y brazaletes se producen en Plan-le-Ouates donde también está la fundición, y el ensamblado final del reloj se lleva a cabo en Acacias.

La producción es una conjunción de la más alta tecnología en ingeniería y robótica, pero el trabajo sigue siendo esencialmente humano.

Rolex está en la cima del mundo relojero por varios factores:

1)   Un producto perfecto.

2) Una imagen de marca limpia y orientada a la funcionalidad, la resistencia, la durabilidad, la atemporalidad, la trascendencia, el éxito y lo “cool”.

3)  Una cultura organizacional basada en 4 valores: rigor, actitud, respeto y orden.

Rolex es una marca que no revoluciona, más bien evoluciona y con ello ha acompañado y seguirá acompañado los más grandes logros de la humanidad, porque es la elección de los soñadores y pioneros a los que les importa la sustancia y lo real, no el marketing y lo superfluo.

 

 

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