La Gravedad que todo lo afecta.

La Gravedad que todo lo afecta.

Por: Oscar Gómez Cruz
@oscargomezcruz

Es muy posible que recuerde la imagen de un hombre sentado debajo de un árbol cayéndole una manzana en la cabeza.

Esa imagen nos es presentada en la primaria y se nos cuenta una historia un tanto romántica sobre un personaje llamado Isaac Newton (1643-1727), que al recibir el impacto de dicha fruta sobre su cabeza, tuvo una especie de “inspiración” sobrenatural para desarrollar la Ley de la Gravitación Universal.
Lo cierto es que la historia que nos contaron, tiene por objeto explicar de una forma simple algo que es tremendamente complejo, sobre todo si a usted como a mí, nunca se le dio eso de la física.
Así que basado en la simplista y clara explicación que nos dieron en la primaria, puedo comentar a ustedes que la gravedad nos da la sensación de peso y por ella experimentamos una aceleración dirigida hacia la zona central de nuestro planeta. Es decir, gracias a la fuerza de gravedad podemos estar parados y todo lo que vemos a nuestro alrededor no vuela por los aires.
La gravedad hace que todo sea atraído “hacia el piso” por muy ligero que sea un objeto y aunque éste no llegue a ejercer contacto con el suelo en algún momento determinado.
De esta manera, usted ahora mismo está sentado o parado y trae puesto muy posiblemente un reloj en su muñeca, éste no está tocando el suelo pero reposa gracias a la fuerza de gravedad (y a la correa, brazalete, hebilla o broche) en su muñeca. No toca el piso pero está siendo afectado por la fuerza de gravedad HACIA ABAJO.
Lo mismo sucede con el movimiento de dicho reloj y muy especialmente con el corazón de éste, que se conoce como órgano regulador; el cual se compone de un volante, una espiral, una rueda de escape y un áncora.

Así como nuestro corazón regula el flujo de sangre a un ritmo determinado para que nuestro cuerpo pueda funcionar adecuadamente, el órgano regulador hace lo propio con la energía que el reloj necesita para funcionar, la regula a un ritmo determinado a modo de que se puedan contar los segundos que se convierten en minutos y después en horas, con la mayor exactitud y la menor desviación posible.

Si nuestro corazón no bombea la sangre a un ritmo determinado porque late más aprisa o más lento, entonces tenemos un problema que afecta a nuestro cuerpo en su conjunto.

Si el órgano regulador del reloj no “late” u opera a un ritmo determinado, el reloj se adelanta o se atrasa y tenemos un problema eminentemente menos grave que si nos falla el corazón, pero su hermosa pieza horaria, no funcionará adecuadamente.

Para resolver este problema en relojería, un famoso genio francés Abraham Louis Breguet inventó en 1795 y patentó en 1801 el Tourbillon (Torbellino).

¿Qué hace o para qué sirve? Compensa el efecto de la fuerza de gravedad sobre el órgano regulador del reloj y en específico, sobre la espiral para que un reloj gane precisión.

La gravedad afecta “atrayendo hacia abajo” al movimiento del reloj en su conjunto, pero en particular a un muy fino alambre (casi del grosor de un cabello) que se llama espiral y que es el santo grial de un reloj.

Al “deformarse” por efecto de la gravedad (cosa imperceptible al ojo humano) se experimentan variaciones en la medición del tiempo.

Cuando el órgano regulador está fijo a la platina (base sobre la que se montan las piezas de un mecanismo), dicha espiral se deforma hacia diferentes direcciones, dependiendo si el reloj está en posición vertical, horizontal, hacia un costado u otro. En suma, al cambiar de posición el reloj, cambia el lado o segmento de la espiral  que es atraído por la gravedad HACIA ABAJO, deformándola en consecuencia.

Lo que hace el tourbillon es “sacar” el órgano regulador en su conjunto (volante, espiral, rueda de escape, ancora) de la platina, para evitar que esté siempre fijo y lo monta dentro de una jaula que gira sobre su propio eje, por lo general una vuelta por minuto.

Al girar sobre su propio eje la atracción de la fuerza de gravedad no está siempre en la misma zona, pues el órgano regulador está girando; de esta forma se minimiza el efecto de la gravedad sobre la espiral y por ende se “deforma” en menor medida provocando menor desviación en la medición del tiempo.

Construir un tourbillon requiere muchas horas y una gran pericia dado que las piezas son minúsculas, y tanto el ensamblado como su ajuste requieren años de entrenamiento.

Sin duda el tourbillon es una de las complicaciones más inútiles hoy en día, dado que su función de hacer más preciso a un reloj no es del todo aplicable a los relojes de pulso que están en constante movimiento. El tourbillon que Breguet inventó fue pensado para relojes de bolsillo que pasaban la mayor parte del tiempo en posición vertical.

Pero la exactitud es lo de menos, la pericia técnica, la belleza y artesanía en sus acabados, el efecto mágico de verlo girar, la limitada producción y la exclusividad, hacen y seguirán haciendo del Tourbillon, la complicación mágica por excelencia en la alta relojería.

Archivado en : Breguet , Diseño

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